23 noviembre, 2017

Jardines verticales para las ciudades

Es sabido que el modelo mediterráneo de urbanización se basa en una estructura compacta,  con una clara separación (cada vez menos) entre campo y ciudad. Obviando esta realidad se deduce, a su vez, una situación patente de ausencia de zonas verdes y espacios públicos abiertos susceptibles de acoger vegetación. Ahí  las sucesivas leyes del suelo han apostado claramente por unos estándares mínimos que ahuecaran un poco esta compacidad y establecieran unos mínimos espacios abiertos entre conjunto de manzanas.

Esta realidad aún es evidente en nuestras ciudades –pueblos y capitales- donde se suceden muchos itinerarios y calles sin un ensanche o plaza y, menos aún, zona verde propiamente dicha. En este sentido, las huertas y jardines interiores de palacios y conventos, una vez en carga urbana, han sido una fácil solución (p.e. Parque Mª Luisa y Jardines del Valle en Sevilla).

De otro lado, el instinto y naturaleza humanos tiende a rodearse de plantas y de vegetación, de forma que, allí donde es posible, plantamos y convivimos con ellas, aunque sea un vulgar y/o colorido tiesto de maceta en nuestro balcón.
Pero en nuestra coyuntura actual, con la contaminación, el efecto invernadero y las emisiones de CO2 la ciudadanía está preocupada y quiere colaborar. Es el caso de la Red de Sevilla por el Clima, presentada en junio pasado y en clara expansión técnica y social. Uno de los objetivos y propuestas estrella es, además de abogar por la candidatura Sevilla Capital Verde Europea 2020, las Azoteas Verdes. Con esto se pretende implicar al conjunto de la ciudadanía a mitigar el cambio climático cambiando las áridas azoteas, terrazas  y balcones por un espacio más  húmedo con clorofila y colores que, en la Red, consideramos fácil y necesariamente viable a poco que se ayude a los vecinos. El referente, sin duda, fue el ajardinamiento y humidificación de la Isla de la Cartuja en 1992.

Pero  volviendo al análisis urbano inicial, convendremos que un jardín normal o zona verde urbana se configura en un espacio poligonal más o menos horizontal y escasamente elevado. Sin embargo las ciudades tienen enormes posibilidades de multiplicar estas superficies en las fachadas y muros privados, o sea, espacios o Jardines Verticales.

Evidentemente esto no es nuevo, pero sí escaso y poco promovido. Imagínense las potencialidades de reverdecimiento en muchas manzanas o esquinas  de nuestras ciudades. Pero no se trata -ni se defiende- de rellenar fachadas por doquier, sino valorar esta alta potencialidad verde, climática, ecológica y estética, en nuestras calles donde abunda la humedad del subsuelo y la luminosidad. Hay espacios emblemáticos en cada población que podrían multiplicarse con especies tan conocidas y adaptadas como la parra virgen, buganvillas, hiedras, glicinias, clemátides, madreselvas, rosas trepadoras, jazmines…

Atemperaríamos el calor urbano y ganaríamos sin duda en estética, fauna, colorido, fijación de CO2, etc.

 

Fdo: Juan Eugenio Mena Cabezas.

Consultor ambiental y miembro de la RED por el CLIMA.