Educación 2022: enseñar a una generación hiperconectada, desinformada y vulnerable

Educación 2022: enseñar a una generación hiperconectada, desinformada y vulnerable

 Shutterstock / Arman Novic

Eva Catalán, The Conversation

La educación es ese ámbito de las ciencias sociales que todo el mundo considera, de forma teórica, absolutamente fundamental para el progreso social; en la práctica, para quienes no se dedican a ella como profesión, demasiado a menudo se vuelve un debate lejano y muy teórico sobre metodologías y curriculums: terreno de agrios debates ideológicos y de renovaciones legislativas.

En los últimos doce meses, hemos publicado casi 300 artículos en la sección de Educación, y hemos aplicado la definición más amplia del concepto, más allá de la educación formal, esa que tiene lugar en los centros educativos y sobre todo en la parte inicial de nuestras vidas. Al fin y al cabo, aprendemos en todas partes, de muchas personas que no son necesariamente docentes, y a lo largo de toda la vida. Aprender idiomas, por ejemplo, tiene sus ventajas cuando somos adultos, y se puede hacer gratis y a medida.

La educación en casa es la base sobre la que se construye lo demás, y por eso es tan importante encontrar cierta armonía. Las relaciones familiares influyen en cómo nos enfrentamos al mundo.

Contenidos, métodos y competencias

Pero, por supuesto, no hemos dejado de analizar lo que está pasando en la educación formal: la implantación de la LOMLOE y el debate sobre competencias o contenidos, así como su aplicación más concreta a asignaturas (el papel de la memorización en general y en la asignatura de historia en particular) y contenidos transversales (como la competencia plurilingüe).

No solo hemos propuesto maneras de motivar a los estudiantes (a través de proyectos, dibujos, cómics, vídeos, podcasts, escape rooms, ‘gamificación’, y videojuegos), de conseguir que no odien las matemáticas y que las chicas se animen a estudiar ciencias, que los planes de estudio bilingües realmente sirvan para dominar el segundo idioma y la materia enseñada, que aprender música sea más que tocar un instrumento, o que el arte pueda ser también ciudadanía activa; también nos hemos preguntado cuándo empezar a programar, cómo se aprende a estudiar, cómo elegir carrera profesional y cuándo optar por formación profesional, o cómo aprender a amar la lectura, la base de todo aprendizaje.

Los docentes necesitan además, para conseguir transmitir y conectar, entender el mundo de sus alumnos; por eso hemos dedicado mucho espacio a reflexionar sobre lo distintas que son sus vidas a las de generaciones anteriores y por qué la tecnología está teniendo un impacto positivo, y no tan positivo, en ellas.

La enseñanza socioemocional

Los contenidos y las competencias han sido protagonistas de 2022, pero hay muchos otros aprendizajes que, sin rango de “asignatura”, son imprescindibles para la vida. ¿Cuál es la responsabilidad y el papel de la escuela en aprendizajes socioemocionales tan básicos como la empatía, el respeto a la diversidad afectivo sexual o la inclusión? Otras áreas igualmente importantes son las nuevas estrategias de aprendizaje servicio que aportan una dimensión social al proceso educativo, especialmente en la universidad, y la ubicua (en el debate público, no tanto en el curriculum) educación sexual.

Hemos buscado maneras de superar los exámenes, o al menos de hacerlos menos protagonistas, sobre todo a la vista de que las notas medias de los estudiantes suben pero no por los motivos correctos; explorado el papel de la memoria y la memorización en el aprendizaje; analizado cómo diagnosticar a tiempo los trastornos más comunes de aprendizaje: la dislexia y el TDAH, y cómo ayudar a sobrellevarlos tanto en clase como en casa.

Huérfanos digitales

Los niños crecen cada vez más rápido y más solos: los mundos virtuales por los que deambulan durante un porcentaje importante de sus horas despiertos son desconocidos o, cuando menos, poco transitados, por los adultos de su alrededor, sean familia o docentes. La adolescencia, esa etapa que cada vez ocupa un porcentaje mayor de nuestra vida, se ha vuelto un poquito más complicada, por si no lo era ya. Niños y adolescentes se mueven entre la dimensión física y la virtual casi sin darse cuenta: las fronteras entre ambos mundos están desapareciendo.

Los adolescentes de hoy salen de botellón como los de ayer, pero se convocan por redes sociales y acuden masivamente; son susceptibles a las adicciones de siempre, y también a las nuevas; tienen más maneras de comunicarse, pero estas también los exponen a peligros desconocidos; gran parte de su educación afectivo sexual la encuentran en las redes, se mandan fotos sexuales por internet con normalidad, tienen mucha más pornografía disponible; y, muchas veces antes de ir a buscarla, ya tienen en las manos la información de lo que sucede en el mundo, aunque no siempre saben filtrarla o asimilarla.

Innovación y tradición

Divulgar investigación académica dedicada al ámbito educativo supone estar en contacto cotidianamente con personas que buscan mejorar, cuyo objetivo a medio plazo es que las generaciones que llegan estén mejor preparadas, entiendan mejor el mundo y sean más capaces de aportar a él, y, en definitiva, sean más felices. Docentes y expertos que, gracias a la tecnología, hoy en día pueden estar en contacto y avanzar juntos con mayor facilidad que nunca.

Por eso, si hay una palabra que resume este año que termina en la sección de Educación de The Conversation, esa palabra es mejorando. Un gerundio optimista para los que queremos ver la botella medio llena.The Conversation

Eva Catalán, Educación, The Conversation

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Author: viajes24horas

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